viernes, 22 de febrero de 2008

LA GUERRA DE LOS CANTOS


De repente se oyeron unos gritos en una colina; luego otros más allá, después otros, y a manera de un eco múltiple, en el valle y en los cerros fue repetida aquella grita espantosa. Era como un alarido formidable, y al mismo tiempo como un grito de guerra. Lo daban millares de voces, y duró horas enteras. Los pobres conquistadores tuvieron que permanecer en vela toda la noche. ¿Era aquella una señal de ataque para caer sobre ellos, o sería el gigantesco gemido que lanzaba una raza al ver hollado su suelo…?

Los hombres de El Dorado
Eduardo Posada


Por Eskupa

Refieren muchos historiadores la especial forma de combate que preferían los Muiscas, el pueblo precolombino más organizado del territorio que hoy es Colombia, para dirimir sus enfrentamientos entre vecinos. Incluso algunas de sus guerras fatricidas más grandes (que también las había) no llegaron al baño de sangre, supuestamente inevitable, gracias a esta práctica incomprendida por los españoles pero temida por las tribus más feroces de las tierras más bajas. La “grita”.
Con sólo demostrar la capacidad de aguante de su aliento, y permitir calcular al enemigo el número de voces que poseía su ejército, los Muiscas lograban disuadir a quienes los enfrentaban, de buscarle males al cuerpo.
El caso con los europeos fue diferente. Ignorantes de cálculos y desesperados por obtener riqueza; los chapetones armados de perros de guerra, pólvora y caballos cargaron contra las huestes Muiscas. Pero sobre todo, del arma más temible que traían, la codicia. Los Muiscas confundieron esta ignorancia atrevida con valentía, y esas cabalgaduras y rostros barbados con monstruos y demonios. Nos vencieron.

Cuando era apenas un niño, visité por primera vez el Pascual, en un clásico de por allá de principios del 80. Mi corazón ya era escarlata, y mis ojos nunca habían visto (o por lo menos no lo recordaban) al equipo jugar en carne y hueso. Pero lo que mas me impactó de aquella tarde inolvidable, fue escuchar por primera vez a miles de personas corear:“¡América, América!”
Es un sonido difícil de describir; a pesar de parecer unísono, pues todas las voces tratan de coincidir en tiempo y volumen, se sabe que son miles…decenas de miles de voces. Y es especial descubrir, como yo lo hice, que una pequeña e insignificante voz desafinada e infantil como la mía, sumada a la gran tromba de norte (en aquella vez), daba potencia a un entonado “¡Dale Rrrrooooooojooo…!”
Tenían que ser muy brutos y enceguecidos los pobres ciento y pico de españoles, para no temer el rugir de 170.000 hombres que bramaban en la víspera de su llegada a la sabana de Bacatá.

Años después regreso del servicio militar, y me encuentro con un puñado de locos, sobrevivientes de La Furia, que no necesitaban en principio de un bombo para hacerse oír. Cantábamos lo que la doce y los de abajo inventaban, adaptando los nombres de nuestros amores y odios, y poniéndole un poco del swing que ya era típico de norte. Los cantos se hacían cada vez más propios, y se inventaban algunos nuevos con los ritmos del punkrock y el ska del sur.
Para entonces, los rivales de patio no tenían voz, al menos nada que valiera la pena, o que alcanzáramos a escuchar desde su natal oriental. El público de ambas escuadras, reconoció la fuerza de esta nueva forma de aliento, y el Barón (aún novato para entonces) se ganó el respeto de todos. O de casi todos.
Sólo un puñado de ignorantes y de codiciosos podría, cambiando su respeto en miedo, intentar la absurda campaña de enfrentarse a esa voz con violencia.
Fue así como después de un clásico, esperando en la puerta vehicular de sur a que saliera el bus del equipo victorioso, que conocimos la violencia entre barras; cuando una facción de ilusos desesperados pretendió apedrear la inspiración de nuestros cantos y a nosotros de paso. El saldo obviamente, fue una manada de locas corriendo despavoridas ante el contraataque escarlata, y un enfrentamiento más con los otros verdes tráfugas y vendidos de casco y caballo. Nosotros ya sabíamos que los caballos y los tombos no son un solo cuerpo. Los Resistimos.

Mucho tiempo ha pasado. Muchos cantos nuevos se han creado, últimamente de total inspiración Americana. La fiesta cada vez es más grande, e incluye toda una banda sonora de 105 minutos y más. Los pulmones y gargantas no se han callado, ni ante las derrotas, ni en las tierras extrañas. Ni ante los gases lacrimógenos, ni ante las crisis totales.
Aún algunos desesperados buscan infructuosamente, derrotar con violencia lo que no pueden vencer con el aliento. ¿Hasta cuándo entenderán que basta con escuchar para saber que pierden? ¿Cuándo entenderemos al escucharnos, que somos más que garrotes, perros, caballos y pólvora? Los Venceremos.

“…Cantos de guerra y paz,de un pueblo que aún no ha roto sus cadenas…”

América//Nino Bravo

1 comentario:

Felipe Lerma dijo...

Excelente texto, exceletes graficos, muy buenas fotografias, FELICITACIONES... Desde hoy me declaro fanatico de este blog..