jueves, 19 de junio de 2008

DIEGO UMAÑA, El Retorno al Fútbol Honesto


Diego Umaña nunca jugó con nosotros, este es su único pecado y la mayor frustración de su vida, pero fue aquí donde se le dio la oportunidad como técnico, luego de la traición de sus jugadores en Santafe, quienes luego de un paro, por falta de condiciones, se vendieron por un plato de lentejas, obligando a Diego de manera digna a renunciar a pesar de tener al equipo después de muchos años en lugares de privilegio. De esta forma llegó a las inferiores del América, para forjar la cantera mas grande de la que se halla tenido historia en nuestra institución, cosecha que recogió otro grande como Jaime de la Pava, que algún día regresará como el buen hijo a casa.

En 1992 y ante el retiro del Gran Gabriel Ochoa Uribe, la responsabilidad se le entregó a Diego, quien ni corto ni perezoso, asumió el equipo de Bermúdez, Balbis, Pimentel, Rincón, Alex, Pipa, Uzu y Polilla y venció luego de varios años al odiado verde antioqueño en el Pascual, que se pavoneaba orgulloso en nuestra cancha sagrada, eliminándolo de Copa Libertadores, ganándoles con categoría en su cancha (1-0) y en el Pascual (4-2), para luego ser eliminados trágicamente en la semifinal en la maldición del penal contra los leprosos, quienes sin jerarquía pasaron a la final, luego de que un Rosarino vestido de rojo errara uno de los penales.

Era el año de posicionamiento de la Furia Roja, la primera barra brava que tuvo la ciudad, fundada en diciembre del 91, por un puñado de estudiantes que soñaban el fútbol de una manera pasional y que no concebían como este se puede ver sentado desde una gradería. No había Internet y los cantos de trescientos pasionales desde oriental, no pasaban de ser porras como: “Yo soy del diablo, con putería y por el rojo he de morir, si señor”, “Aquí en Cali o en el Maracaná, juegue donde juegue el rojo ganará “

Fue allí donde apareció la segunda traición, Orestes Sangiovanni, presidente del América e hijo del gran Pepino, nuestro mejor dirigente de todos los tiempos al lado de Doña Beatriz, se dejó contagiar de la gran mentira del fútbol Colombiano, el achique, el agrande, haga la pausa y retroceda para ganar espacio; juegue sin balón y la máxima: “Perder es ganar un poco”, frases que junto a ”peor es nada”, “mas vale tarde que nunca”, “del ahogado, el sombrero” y “mejor malo conocido, que bueno por conocer”, le han hecho tanto daño a nuestra cultura, creando una forma de ser conformista y mediocre. De esta manera llegó la Maturranga a la mechita, el paisa Chocoano, manifestó de entrada que no tocaría al equipo, pues el esquema que traía, no se podía aprender en poco tiempo y que hasta el final del campeonato jugarían a lo mismo, que gran mentira, solo un jugador no creyó en encantadores de serpientes y de manera digna renunció, nuestro gran numero cuatro, “El Bochica Pimentel”. De esta forma se obtuvo el único titulo Colombiano que ostenta Maturana, mientras que el artífice de la gran victoria, ofició como asistente.

Umaña regresó a la dirección técnica un par de años mas tarde, esta vez con Córdoba, Asprilla, Guama, Giovanni, el flaco Oviedo, el Uruguayo Moas, el Argentino Berti, el diablo Echeverri, que se habían sumado a Bermúdez, Alex y Anthony, que seguían leales a la causa, logrando un subtitulo en el 95, en una disputada final que perdimos frente a la banda del Tiburón del Pibe, Valenciano, Montesinos, Pacheco y Mackenzie, además del arribo a nueva final de Copa ante las odiadas gallinas, pero nuevamente la Copa se perdió y no hubo campeonato, por la poca solidaridad de los demás equipos del torneo que no postergaron sus partidos frente al rojo, obligando a la plantilla a un desgaste físico impresionante de disputar partidos muy importantes en poco tiempo. Aún se recuerda el pundonor y coraje de Berti, que pidió jugar en Medellín al otro día de perder la final en Buenos Aires, colocándose los guayos y la casaca escarlata en pleno vuelo. Umaña fue reemplazado por el mafioso García, que según denunció Giovanni, pedía dinero a los jugadores para ponerlos a jugar y que salió campeón en el 97, luego de un torneo de año y medio que fue cabalgado por la mechita donde nos robaron la estrella de mitad de año, ganada en un clásico maravilloso, donde un puñado de negritos llamados: Arley Dinas, Gerson González, La Avispa Angulo, El Tigre Castillo, humillaron tres cero a un Calero perdedor y arrogante.

La Torcida dominaba norte, era una barra grande que cantaba con estilo, los trapos mostraban una barra adolescente con corazón. Una nueva generación que sembraría la cultura del Aguante.

Umaña toma la dirección de nuevo en el 98 y los jugadores no funcionan, esta situación se sumó a los problemas de salud que lo obligaron a entregarle el equipo a Jaime de La Pava, en pleno cuadrangular, iniciándose de esta manera una nueva senda victoriosa, esta vez con una camada de la cantera que nos entregaría tres títulos y una Copa Merconorte.

Diego regresa en el 2007 a un equipo perdedor que venia de ser eliminado de las últimas finales y que se acercaba peligrosamente al descenso, un equipo quebrado, de jugadores sin ilusiones, a los que les habían robado la alegría. Pero Umaña es un guerrero, un hombre honesto que va de frente, como el fútbol que exhibió, rearmó el equipo y lo puso a punto, recuperó la mística del ser Americano, le devolvió la dignidad y la irreverencia al gladiador escarlata, los preparó para la guerra, física y mentalmente y los envió al campo de batalla, por eso en cada partido salen dispuestos a dejar la vida en la cancha, por eso sus camisetas empapadas de sudor, se han convertido en la piel del jugador y les duele, por eso corren hasta el ultimo minuto, donde se nos ha convertido en una costumbre el ganar, por que arrinconamos al rival hasta la derrota y si los partidos fuesen prolongados como en el futbolito de la cuadra donde el que hace el último gol gana, ningún equipo tendría piernas para soportarnos.

Son unos negros honestos, que juegan a pesar de la incertidumbre del pago, son dignos, Vallecaucanos, hinchas del América, vienen de los barrios populares, bailan salsa y currulao como Armero, lloran con la derrota, pues es sangre roja la que corre por sus venas, sangre de Africanos que llegaron hace trescientos años como esclavos y lucharon por su libertad hasta hacer esta tierra suya y están dispuestos a golear o ser goleados, practican un fútbol de frente, de norte a sur, atrás quedó la mentira, la del achique, la de lateralizar la pelota, por eso no gusta a los Mejías, ni a los Carlos Antonios, que critican al equipo por no tener pausa.

Este grupo ha motivado el regreso forzoso de la hinchada al Pascual, una hinchada que es la mas popular del país, pero la mas novelera e inconstante en la tribuna. Hoy tiñe de ilusión las graderías de la mano de Barón Rojo, la más grande de Colombia, la primera en salir del país a Perú en el 2000, la primera en viajar a Argentina y aguantar un mes en Buenos Aires en la campaña del 2003, la que más canchas ha visitado en el continente, la que nunca calla, la hinchada de los cantos, la de la tribuna popular de sur, territorio libre e insurrecto frente a las mentiras del poder.

Umaña habla claro y enfrenta a sus rivales, no importa si son otros técnicos como el cobarde de Vanemerak o Carreño o el mafioso de Juan Miguel, quien no quiere al equipo, pues se aferra banalmente por caprichos, sin importarle el daño de la lista Clinton o robarle a la hinchada una bandera, impidiendo que se cumpla la democratización, el sueño de Bolívar y el Che: “América Tierra Firme, América Libre, América Campeón de América”.

2 comentarios:

Diego dijo...

a que este nos pone mas grande aun

Falcon dijo...

Muy bueno el articulo... Excelente...AMERICA LO MAS GRANDE DE COLOMBIA!!!!! VAMOS PROFE UMAÑA, VAMOS POR TODA LA GLORIA, USTED PUEDE!!!!!!!!